La sangre humana y sus subproductos son utilizados diariamente en todo el mundo y en diferentes situaciones clínicas. La transfusión constituye uno de los primeros trasplantes exitosos y posee más de un siglo desde los primeros descubrimientos de Karl Landsteiner con el grupo sanguíneo ABO y Luis Agote con el Citrato de Sodio. Desde ese momento, hubo numerosos descubrimientos que permitieron que el uso de la sangre se incorpore a las prácticas médicas habituales. Esto permitió expandir los tratamientos médicos, ya que se comporta como un recurso de soporte para pacientes que no disponen de otro tratamiento.

La cirugía cardiaca, los trasplantes, las enfermedades oncohematológicas, el trauma y los sangrados obstétricos, entre otros escenarios clínicos, son ciertamente los grandes usuarios de la sangre y sus componentes. Desde que en 1980 irrumpe la pandemia del HIV, y las transfusiones como vehículo de la transmisión del virus, la sangre humana para transfusión ha iniciado una carrera sin final en busca de proporcionar seguridad al paciente. Es así que casi tres décadas después la transfusión es un procedimiento médico con elevada seguridad. Aun así hasta 1999 pocos cuestionaban el uso de sangre para distintos escenarios clínicos y su utilización se basaba en la experiencia y opinión de los expertos. Ese año aparece el Ensayo TRICC (Transfusion Requirements in Critical Care) el que impuso una nueva corriente tendiente a instaurar la transfusión basada en la evidencia con la estrategia restrictiva en el uso de la sangre y sus componentes. Numerosos trabajos científicos demostraron que la estrategia restrictiva es aplicable a muchos de los escenarios clínicos planteados.

En la última década se ha incorporado una visión más integral del paciente con el denominado Patient Blood Managment (Gestión del Proceso Transfusional), es la aplicación de estrategias que promueven la evaluación individual en el uso apropiado de la sangre y la aplicación de alternativas a la transfusión.

La educación médica de pregrado, las carreras de posgrados y especializaciones no poseen en general instancias de enseñanza-aprendizaje sobre esta temática, es por ello que la UCAMI propone la Diplomatura en el Uso Apropiado de la Sangre y sus Componentes, como una herramienta para la práctica médica diaria y la aplicación de la evidencia científica disponible.