A nivel mundial, las instituciones educativas y las instituciones que se dedican a la formación docente, independientemente del nivel para la que forman, se están viendo transformadas por la presencia de las tecnologías en su entorno.

La incorporación de las tecnologías en los contextos educativos depende de la inversión en recursos tecnológicos y humanos realizado por quienes dirigen las instituciones, de las características cognitivas y sociales de los estudiantes y como componente esencial, el ROL DEL DOCENTE, clave en cualquier reforma o innovación en educación.

La enseñanza y el aprendizaje se ven potenciados con el uso de recursos tecnológicos que resultan convocantes para los docentes y es propia de los códigos de comunicación de los niños, adolescentes y jóvenes.

Para que las TIC sean incorporadas al proceso de enseñanza y de aprendizaje, es necesario que los docentes se formen en competencias digitales. Investigaciones recientes, manifiestan que los docentes reconocen que una de las variables críticas a la hora de
incorporar recursos tecnológicos en las aulas, es la necesidad de formación al respecto, además de demostrar alto interés en ello.

Moreno (2011) afirma que “el docente posee diversidad de funciones en su desempeño (diseña, opera, orienta, gestiona e investiga) requiere de cualidades personales (actitud, emoción, intuición, sensibilidad…) y cualidades docentes (conocimiento, habilidades didácticas, manejo de tecnologías educativas, gestión académica y de procesos de aprendizaje…)”, por ello las competencias tecnológicas a adquirir deben atender esta diversidad.